lunes, 27 de junio de 2022

Boda Extremeña

“La boda Extremeña en la tradición Campusa”

Villa del Campo 

A la memoria de mi padre, que dio lo que tenia cuando le fue pedido.


Boda de Carmen y Luis

Audio 1 De Bodas “La María” Paulino Bonilla, de Villa del Campo. Partitura 323G Cancionero Popular de la Provincia de Cáceres, interpretada por Javier Cobeña


De un tiempo a esta parte se ha hablado mucho de las bondades de la boda Extremeña y sin duda, la ha estudiado gente de mayor valía, en los casos que he llegado a conocer, siempre he notado que falta algo, tal ved por carecer de interés, no se haya mencionado y es por tanto que en la medida de lo posible, intente exponerlo de manera más amplia, sí es que cabe la expresión.

En primer lugar la intención es tratar de unir la música al texto, y oír al instante lo que se interpretaba en cada ceremonia o ritual de la boda, visto desde  la perspectiva de Villa del Campo y aceptando que en los pueblos de al lado, pudieran hacerlo de otra forma, y siendo consciente de que sin matizar los pormenores locales, las antiguas bodas eran muy parecidas en todas partes, solían durar tres días,  víspera, boda y tornaboda, antes de la ceremonia se hacían los preparativos, especialmente, los relacionados a lo culinario, todo se hacia en casa y ninguna estaba preparada para la ocasión, había que sacrificar animales y cocinarlos, en un trabajo escolar, titulado “Costumbres de mi pueblo” realizado por Javier Gutiérrez Alcalá, en torno a 1990, se comenta, que la víspera de la boda, las mujeres con las artesas a la cabeza bajaban al arroyo a lavar los vientres de las reses sacrificadas, y que a su vez portaban una botella de aguardiente y dulces para convidar a quienes encontraran a su paso, y que a su vuelta se elaboraban las turras y ataos (plato típico del pueblo)  que se comía el día de la boda como almuerzo, teniendo en cuenta el escaso caudal del arroyo y que en el Campo, la tradición de las bodas era en Agosto, tras la recolección de la cosecha, no ha lugar al arroyo, más bien lo harían a pozos próximos al pueblo, también había que elaborar dulces, acumular, suficiente vino, mesas, bancos y sillas, cubertería, loza, y un sin fin de utensilios, destacar que el proceso, se multiplicaba por dos, debido a que los invitados del novio comían en casa del novio y los de la novia en casa de la novia, con lo cual la implicación en algunos casos era considerable y todo lo hacían los más allegados, que comenzaban a estar de boda, antes de que esta se celebrara.

Ir de boda suponía una fiesta extra, que no estaba en el calendario festivo, ya que estas solían ser en días de diario, las bodas tradicionales conllevaban un gran trabajo colectivo, como era preceptivo comenzaban con las amonestaciones, es decir anunciar públicamente la intención de casarse, por si existía algún impedimento a dicho matrimonio, al tratarse de ceremonias por la Iglesia, como solía decirse, se anunciaban tres Domingos seguidos en la misa mayor de los Domingos.

La víspera de la boda, al oscurecer, los novios recorrían las calles del pueblo avisando de que se casaban, uno a uno llamaban a las casas de los invitados y estos contentos y felices se unían a ellos, cantando coplas alusivas a la nueva situación, dentro del citado trabajo Costumbres de mi pueblo, se cita una, que dice así:

Coge la cobija, novia

y métete para la sala

y ponte a considerar

lo que vas a hacer mañana.

Terminada la ronda, eran convidados y se iban al baile, que pagaban los novios.

El día de la boda solía amanecer con alguna alborada a cargo del tamborilero, con algo de acompañamiento que con dulces y botella de aguardiente en ristre recorrían las calles cantando.

Audio 2 Alborada de bodas. Cesáreo Campo, de Valdeobispo. 152 Lírica Popular de la Alta Extremadura. interpretada por Javier Cobeña

Padrinos

Audio 3 Para ir a buscar a los padrinos. Cesáreo Campo, de Valdeobispo. 154 Lírica  interpretada por Javier Cobeña


El ritual de la ceremonia que solía ser matutina, comenzaba con el padrino saliendo a buscar a la madrina, (tradicionalmente los padrinos, solían ser los del bautismo, uno por cada lado, según circunstancias o conveniencias propias de cada cual), todo ello amenizado con acordeón o tamboril, (los antiguos tamborileros amenizaban estos actos, con música especifica para cada una de las partes de que se componía el ritual, ya que había un toque especifico para cada función).

Novio y padrino

Audio 4 Para ir a buscar al novio. Antolin Garrido de Montehermoso. 163 Lírica  interpretada por Javier Cobeña


Con los padrino, el cortejo se encaminaban a buscar al novio, minutos antes de salir de su casa, cuando el novio ya estaba vestido, el padre, impartía la bendición, durante el acto el hijo permanecía de rodillas ante el y podía consistir en una simple señal de la cruz, o en unas palabras a modo invocación a Dios, consejos o peticiones y tras ellas, la señal de la cruz, bien en el aire o sobre la frente o cabeza. (en caso de que el Padre hubiera fallecido, la misión recaía sobre algún tío o de algún familiar cercano y mayor que el) La bendición se solía impartir de manera privada, por lo que no levantaba mucha expectación, aunque no siempre fuera así, dentro de los antecedentes que el hecho pudiera tener origen en la antigua costumbre de los matrimonios concertados, en tal caso podría significar que contaba con la aprobación (bendición) del padre. Dentro del catolicismo la aprobación de un padre, podría referirse a la aceptación, no a la bendición, si se toma como ejemplo el hijo prodigo, el padre permite que el hijo se baya, pero no tiene el respaldo del padre, que le deja marchar, pero no aprueba su conducta, al darle la bendición, le respalda y da su apoyo. De idéntico modo, el ritual se celebraba con la novia. 

En nuestros tiempos con los matrimonios libremente elegidos, de algún modo, vendría  a ser como una autorización paterna a que el hijo o la hija saliera de casa y emprendiera una nueva vida con su consentimiento, el acto está presente en otros rituales no católicos.

Aunque lo más importante estaba por llegar, poco a poco, la boda tomaba cierto impulso, ya que todos los invitados del novio, esperaban en su puerta y cuando el salía se incorporaban a la comitiva.

Audio 5 Para ir a buscar a la novia. Cesáreo Campo de Valdeobispo. 155 Lírica  interpretada por Javier Cobeña


La comitiva se encaminaba a casa de la novia, y llegaba el gran momento, como en todas partes, ver a la novia siempre fue un algo especial, aunque en los tiempos en que se centran estas notas, sin perder distinción, las novias eran elegantes y a su vez sencillas, se solían casar de corto y el color acostumbraba a ser negro, sin contar el luto, las razones del traje negro pueden ser múltiples, el negro es un color más sufrido y sobrio que el blanco, en aquellos difíciles tiempos, todo era aprovechable, además de  elegante, el negro implicaba más humildad, el blanco se relacionaba más con clases más altas y de hecho era más caro, el color negro tenia más salida que el blanco, al vestido de novia se le daba nueva vida luciéndolo después de la boda, comprar un vestido para una sola ocasión, en las capas bajas no era rentable.

Camino de la Iglesia

Audio 6 Marcha del cortejo a la Iglesia. Vicente Garcia de Ahigal. 162 Lírica  interpretada por Javier Cobeña

Tras recoger a la novia, la comitiva encabezada por la novia y el padrino se encaminaban a la Iglesia.

La salida de la novia y el paso de esta, camino de la iglesia, era uno de los momentos más esperados, las esquinas y puertas, aledañas a la casa de la novia, solían ser tomadas por grupos de mujeres no invitadas a la boda, que disimuladamente charlaban, como si se hubieran encontrado allí por mera casualidad, tras la salida de la novia, las más ágiles correteaban por calles paralelas a coger puesto en las proximidades de la Iglesia, sin duda el lugar preferido y el mejor punto de observación, la calle es ancha, se la veía de frente y era el momento mágico en que más lucia la novia, que acompañada de todo su cortejo era el centro de todas las miradas.

Audio 7 Llegada del cortejo a la Iglesia. Cesáreo Campo de Valdeobispo. 156 Lírica  interpretada por Javier Cobeña


Ceremonia Litúrgica

Llegados a la Iglesia la comitiva se detenía en la puerta sur, y bajo su portal, esperaban al sacerdote, este era avisado por los monaguillos y todo encajaba a la perfección.


Cabe recordar que la celebración del matrimonio (esponsales) no se hacia dentro de la Iglesia, la ceremonia nupcial se celebraba fuera y antes de la misa, cuando los novios cruzaban el umbral del Templo ya estaban casados. Entre otras muchas cosas se cree que al ser un acto publico, y en la calle, podría verlo más gente que dentro, la Iglesia no era partidaria de los matrimonios clandestinos y había luchado mucho por fueran públicos.

 En la puerta del templo, el párroco revestido con capa pluvial, (inequívoca señal de que no se trataba de una misa) recibía a los novios e invitados ya que era un acto publico que requería testigos, a grosso modo, tras una leve introducción al matrimonio, (creo recordar que del antiguo testamento, ya que en ella aparecían Abraham y Sara, Isaac y Rebeca) el párroco interrogaba a los novios para tomarles la palabra, preguntándole si estaban allí libremente y si conocían algún impedimento por el cual el matrimonio no podía celebrarse, posteriormente hacia extensible la pregunta a todos los presentes, tras el silencio, uniendo las manos de los novios, les preguntaba si querían contraer matrimonio, con palabras de presente, como lo mandaba la Santa Madre Iglesia y el Santo Concilio de Trento lo disponía, tras la respuesta afirmativa, venían las pertinentes preguntas individuales primero al novio y luego a la novia, y tras el si quiero, bendecía los anillos y las arras, (Tradicionalmente los anillos son colocados en el cuarto dedo de la mano, según San Isidoro, porque se dice de ello que tienen una vena que lleva la sangre al corazón, otra teoría es que al doblar los dedos centrales y juntar ambas manos, se pueden separar todos los dedos excepto los cuartos dedos, lo cual vendría a decir que las pareja han de estar siempre unidas) recitando las palabras de rigor el sacerdote colocaba un anillo en el correspondiente dedo al novio y le entregaba el otro para que se lo pusiera a la novia, a continuación le entregaba las bendecidas arras, y el novio las dejaba caer de sus manos a las de la novia, que las recibía en señal de matrimonio, (se suele decir, que las arras vienen a representar el sello de la unión de la pareja, o la promesa de compartir los bienes matrimoniales, las arras son trece, y se corresponderían una cada mes y la restante para limosna, también podrían tener otras lecturas que de algún modo encubrieran la vieja costumbre de comprar a la mujer con quien se iba a casar), dentro de las clases bajas, era corriente no usar anillos, ni de novios ni casados, razón por la que se pedían prestados, para la ceremonia, así como las arras que no solían ser monedas corrientes, (en mi casa había unos anillos y unas arras que se guardaban como oro en paño, aquellos anillos y arras eran los más bendecidos del pueblo, una y otra vez fueron usados en innumerables ceremonias con ellos se caso medio pueblo) tras las bendiciones de rigor, se pasaba al templo para la misa de velación.

En este punto, a pesar de que la ceremonia ya había terminado, el matrimonio no tenia plena validez, ya que para ello, era necesario celebrar la misa de velación. ¿A que se debía esto?

Es de suponer y como tal puede entenderse, que en sus principios, sin tradición alguna, la Iglesia Católica, no tuviese ritual de celebración y se adaptaran rituales paganos, como el Griego o Romano, en líneas generales los matrimonios venían a ser un contrato entre dos, que se celebraban en las casas de manera no pública, debido a los abusos de toda índole que se cometían sin el consentimiento de la mujer, se fueron adoptando ritos en los que estaba presente un sacerdote, aunque el acto se seguían celebrando en las casas y de manera no publica, la iglesia tenia presente, que la causa sustancial y eficiente del matrimonio se hallaba en el pleno consentimiento.

Mucho antes del famoso concilio de Trento ya había noticias, de disposiciones conciliares y sinodales, en las que públicamente se celebraban los matrimonios en las puertas de las iglesias, y que las misas de velaciones solían celebrarse al día siguiente. Hasta tiempos modernos, los rituales españoles, especialmente el de Toledo, reconocían una ceremonia doble.

Todo evoluciona y se renueva, y como parece lógico, las misas de velaciones, o misas votivas pro Sponsis, se hacen el mismo día, tras la celebración de la puerta, lo cual vendría a significar que era una parte de la misma, aunque como ya se ha dicho, no siempre fuera así, por tanto conllevaba controversia, sobre sí era una parte del ritual o tenía validez Sacramental, sin las solemnes bendiciones de la misa de velación. Fuere como fuere, ya que había cierta libertad a la hora de celebrar algunos actos que tuvieran arraigo en una zona o región, en el caso que nos ocupa, tras la ceremonia de interrogatorios, consentimientos, bendiciones e imposición de anillos y entrega de arras, se pasaba al templo y se celebraba la misa.

Extracto del tomo octavo del libro Historia de los Sacramentos "Sacramento del Matrimonio", escrito por el R. P. Carlós Chardón. de la congregación de San Vannes. Traducción del R. P. Fr. Alberico Echandi y Juan de Campo y Oliva.Año1801. 


Audio 8 Al entrar el cortejo a la Iglesia. Cesáreo Campo de Valdeobispo. 158 Lírica interpretada por Javier Cobeña 

En Villa del Campo, los novios y padrinos, no subían hasta el altar, durante la ceremonia permanecían arrodillados sobre unos reclinatorios colocados en la base de la escalinata, dentro de la misa, que aparentemente transcurría sin más, tenía lugar la ceremonia de la velación, consistente en poner un velo (Flammeun Nuptiale) cubriendo los hombros del novio y la cabeza de la novia, popularmente conocido como yugo, este velo también llamado palio, en Villa del Campo solía ser un antiguo Humeral, (prenda con la que el sacerdote cubre sus hombros y sujeta la custodia mientras se expone el Santísimo, o cuando procesiona) fuera de su servicio habitual por estar la seda de que se componía un tanto deshilachada, dado que las bodas solían ser en verano y dicho Humeral resultaba molesto para la novia que lo llevaba sobre su cabeza, se suprimió por una estola, más llevadera, (dada la importancia del acto y su larga duración, desde el Paternóster, donde se hacia la bendición solemne, uno de los rituales más antiguos del matrimonio Cristiano, hasta el final de la misa, hacia que el velo resbalase y el cura constantemente mandaba a los monaguillos a ponerlo en su sitio, algo que no sentaba nada bien a los contrayentes).

Al final de la misa, cuando el sacerdote bajaba del altar, se acercaba a los contrayentes y en voz baja les recitaba y daba el Nuevo Mandamiento.(Al tratarse de algo que el párroco decía a los contrayentes en voz baja y casi al oído, los monaguillos solíamos decir que era el recaino).

-(Un nuevo Mandamiento os doy. Que os améis el uno al otro, como Cristo ama a su Iglesia).

Tras la ceremonia, en la sacristía, se firmaban los papeles, civiles sin que esta se celebrara ya que la católica conllevaba la civil.

La no celebración de la velación estaba penada con la excomunión y penas pecuarias altas, de difícil evaluación hoy día.

En muchas ocasiones, los libros de registros de matrimonios religiosos, dicen que los novios “se casaron y velaron”. De hecho antiguamente existían dos libros, un para los desposorios y otros para las velaciones.

(De la importancia de la velación, da buena cuenta la ilustrísima comitiva de la Princesa María Manuela que en su ruta hacia la ceremonia de velación con Felipe II, pernocto en el Campo, aquel lejano 5 de Noviembre de 1543. Días más tarde, con gran regocijo fue recibida en Salamanca, los príncipes habían contraído matrimonio por poderes en Almeirim, Portugal el domingo 12 de mayo de 1543 en el palacio del embajador español don Luís Sarmiento de Mendoza. El 13 de Noviembre de aquel 1543, se celebro una segunda boda en Salamanca, y dos días más tarde, el 15 de Noviembre, a las cuatro de la madrugada, se celebro la Misa de Velaciones que duro dos horas y media, se dice que tras la bendición del arzobispo de Toledo, Juan Pardo de Tavera, los príncipes folgaron juntos durante dos o tres horas de aquella mañana de Noviembre, tras lo cual el príncipe se marcho a sus aposentos).

El rito de la velación nupcial toma el nombre del latín velatio, acción de tapar con un velo, y su finalidad era la de que los recién casados recibiese una bendición, con la que ellos y sus descendentes viviesen bajo los preceptos de la fe cristiana y alcanzasen así la vida eterna. (Durante algún tiempo se entendía que esta bendición estaba casi enteramente dedicada a la novia que la consagraba para al estado matrimonial). Por tanto el matrimonio no estaba completo y no podía cohabitar sin las correspondientes "velaciones nupciales" de la misa. 

En el rito judío, puede significar la nube que cubrió a Israel en el desierto, quedando ellos cubiertos por la presencia de Dios, ya que la celebración tiene lugar bajo la jupá, que consiste en un manto o pedazo de tela a modo de palio que viene a representa una casa, simbolizando el hogar de la  pareja.

Audio 9 Cuando salen los casados de la iglesia. Antolin Garrido de Montehermoso. 165 Lírica  interpretada por Javier Cobeña


Pasacalles













Tras la celebración, los recién casados y sus invitados recorrían el pueblo en bullicioso pasacalle, otra canción muy común en la zona, recogida en Costumbres de mi pueblo dice así:

El padrino es un piñón

la madrina es una almendra,

el novio cadena de oro

que a la novia lleva presa.

Entre música y canciones el acompañamiento pregonaba a los cuatro vientos el enlace de los recién casados y de paso se cumplía otro de los rituales, bien que la comitiva se dirigiera a la puerta de la suegra, o al pasar por ella, la suegra esperaba a la novia y le quitaba el velo, reconociéndola como tal, (aunque el traje fuera negro, el velo y los complementos podían ser blancos) esta costumbre no muy documentada, vendría a significar la costumbre romana, de que al terminar la ceremonia, la novia era llevada a casa del novio, quedando integrada en su nuevo hogar.
Tras la celebración, los recién casados y sus invitados recorrían el pueblo en bullicioso pasacalle, pregonando a los cuatro vientos que se habían casado, y de paso se cumplía otro de los rituales, bien que la comitiva se dirigiera a la puerta de la suegra, o al pasar por ella, la suegra esperaba a la novia y le quitaba el velo, reconociéndola como tal, (aunque el traje fuera negro, el velo y los complementos podían ser blancos) esta costumbre no muy documentada, vendría a significar la costumbre romana, de que al terminar la ceremonia, la novia era llevada a casa del novio, quedando integrada en su nuevo hogar. 
En tiempos no muy lejanos, venia a significar que la suegra la recibía y le abría de par en par las puertas de su casa, ya que antes no le estaba permitido. Cosas de la vida, el chico pedía la entrada y desde que le era concedida, entraba y salía en casa de la novia, en cambio a la chica no le estaba permitido, incluso podía sentir cierto temor, pasar por delante de la casa del novio, ya que no llegaba a estar bien visto.

Regreso de la casa del novio

Concluida la vuelta al pueblo, se pasaba al baile matinal, los bailes de bodas corrían a cargo del los recién casados y eran de puertas abiertas, todo el mundo podía entrar, aunque las normas tradicionales conllevaban que al matutino solo acudían los invitados, el resto del pueblo solía estar en las faenas cotidianas del campo, o bien no acudían a el, esto solía llevar ciertos desequilibrios, entre hombre y mujeres o personas de aproximadas edades, que eran las que más se solían cortar, o sacar a bailar, estas carencias eran aprovechadas por los más pequeños, que dado el carácter familiar de la celebración, y ante la falta de pretendientes de su misma edad, las chicas mayores solían bailar con sus parientes pequeños, con la explicita condición de que no las pisaran, algo que a falta de costumbre era bastante frecuente, razón por la que sin duda alguna, el baile de las bodas era una autentica escuela de baile, la única ocasión en la que los más pequeños aprendíamos a bailar y jugábamos a ser mayores, (el baile de los domingos nos estaba prohibido y solo podíamos verlo desde la reja), llegado el momento de comer, toda la comitiva daba otra vuelta al pueblo cantando y bailando, como ya se ha dicho, los comensales comían en casa de quien los había invitado.

Aparte de los famosos puros, que el novio o padrino, repartían a los invitados el día de la boda, existía la costumbre de que en los días que duraba el festejo, el novio repartía tabaco no sólo a los invitados, siempre llevaba tabaco en el bolsillo aunque el no fumara, algo que no resulta fácil de explicar, lo del puro podría tener una explicación lógica, debido a la costumbre de la buena mesa, café, copa y puro, y en las bodas, la buena mesa, se daba.

Audio 10 la Maná. Antolin Olivera de Guijo de Galisteo. 170 Lírica  interpretada por Javier Cobeña

Tras el reposo, regado por el vino, se procedía a pedir la maná de los novios, se hacía por todo el pueblo, se llamaba a la puerta y se decía "la maná de los novios" y alguien de la casa entregaba algo a los recién casados para que pudieran iniciar su nueva vida, de este modo, en mayor o menor grado, según posibilidades se contribuía a la formación de la nueva familia, inicialmente, se solía dar el grano que cabe en las manos, de ahí su nombre, hasta pasados los cincuenta del siglo pasado, solía ser lo que cabe en un plato, un celemín, media o una cuartilla, media fanega, variando según la posibilidad o afecto a los recién casados, para recoger el grano, los mozos llevaban costales que cargaban al hombro, cuando estos se llenaban eran llevados a casa de los novios, con el tiempo lo del grano dejo de entregarse y se ayudaba económicamente en metálico.

Según lo recogido en el ya citado Costumbres de mi pueblo, tras la Maná, en la puerta de los novios  se celebraba el “Tálamo” allí exponían lo que habían sacado, y al son del tamboril, bailaban con todo el que se lo pedía.

Tras el “Tálamo”, se volvía al baile y ahora sí que era una autentica fiesta, poco a poco, el pueblo entero concurría a bailar alegremente, y celebrar aquella unión, para los más pequeños no invitados, bailar con una chica era lo máximo que se podía esperar, en el salón de baile, podían verse las diferentes generaciones en un mismo afán, aprovechar la ocasión que brindaba la boda, al son de la música, las penas o penurias siempre fueron más llevaderas.

Audio 11 Tálamo. Santos Ginés de Riolobos. 169 Lírica  interpretada por Javier Cobeña

Después venia la cena, y tras ella, la hora de dormir, sin duda el momento más esperado de aquellos novios, tras varios días de ajetreo y siempre en el centro de las miradas, llegaba el momento de encontrarse solos el uno frente al otro, pero para muchos, la boda no había concluido, siempre quedaban los mozos y amigos que se resistían a que aquello acabase, las rondas entorno a la casa de los novios se sucedían continuamente y la insistencia era tal, que a veces el novio tenia que levantarse y seguir de juerga, otras se colaban en la casa y aparecían cuando los novios menos se lo esperaban, en ocasiones se echaba sal en la cama, algo que resultaba molesto al roce de la piel y como no, el famoso cencerro o campanillas colgado debajo de la cama, probablemente esto ultimo, antiguamente, tuviera una profunda razón de ser, desde siempre fue muy importante la consumación del matrimonio y esta era una de las maneras de anunciar que se había consumado el matrimonio, sin la necesidad de que alguien estuviera presente. No es de extrañar que en la tornaboda, se cantaran coplillas según hubieran sonado las campanillas.

Audio 12 Las Campanillinas, interpretada por Cerandeo


La tornaboda solía ser algo familiar y más trabajosas que festivas, aparte de aprovechar los restos de comida, había mucho que restregar y todas las manos eran pocas, las mesas, bancos, sillas, y demás enseres que se pidieron prestados, y habían sido utilizados sin manteles, (a quién no se le ha caído algo en la mesa, mientras comía en circunstancias normales) se devolvían inmaculadamente limpios, mediante pequeñas muescas que se borraban con el estropajo, se entregaba a cada cual las propias cucharas y tenedores que había entregado, apagado el bullicio todo volvía a la normalidad, mientras los recién desposados emprendían una nueva vida. 

               Agradecimientos a Antonio Pariente.

                                                         Gema Torres y 

                                                                 María Miguel Fuentes.

                                                  E. Moreno. Madrid 27 de Junio de 2022