Anoche en el Aula de Cultura de FET. y de las JONS
Eruditísima conferencia de don Manuel García Matos sobre canciones, danzas e instrumentos populares de la Alta Extremadura
El público tributó delirantes ovaciones al ilustre placentino, catedrático de Musicología del Conservatorio.
El salón de actos de la Jefatura del Movimiento estaba ocupado por un público muy selecto, que quedó maravillado de la luminosa y brillantísima disertación del conferenciante, al que hizo objeto de cálidas muestras de admiración y ovacionó merecidamente por su meritorio trabajo sobre el folklore extremeño.
El acto se inició con unas elocuentísimas palabras del gobernador civil y jefe provincial, destacando la personalidad del señor García Matos, que ha dedicado todos sus desvelos al estudio y en favor del folklore español, y principalmente, al de nuestra región.
Yo, que he visto—dice el señor Rueda y Sánchez-Malo—cómo nuestras muchachas de la Sección Femenina saben arrancar del alma del pueblo el entusiasmo que producen todas sus actuaciones folklóricas, creí interesantísima esta participación del señor García Matos en el ciclo de conferencias que estamos celebrando, por lo que le expreso gratitud extraordinaria.
A continuación hace uso de la palabra el orador, desarrollando, de manera amena y original, espléndido trabajo de investigación y crítica sobre danzas, canciones e instrumentos típicos de la Alta Extremadura, valorando el riquísimo caudal de cultura expuesto con proyecciones y con ilustraciones musicales.
Realmente, fue conferencia singular, que mantuvo hechizada la atención del selectísimo público (en el que se encontraban diversas autoridades intelectuales y representantes de todos los centros culturales de la capital) durante dos horas, resultando sabroso manjar que el auditorio apuró, con creciente deleite, tributando en muchos párrafos, y al final de la conferencia, delirantes aplausos al insigne folklórista y eruditísimo musicólogo, señor García Matos, una de las glorias más legítimas que, en el área del arte, posee Extremadura en la hora presente.
Con fácil palabra y agudísimos conceptos, plenos de bellas imágenes, el orador desarrolló el tema empujando por dar gracias al gobernador civil, señor Rueda, ilustre promotor del ya famoso ciclo de conferencias en el Seminario de Falange Española Tradicionalista y de las Jons, por el honor que le dispensaba al requerir su concurso.
Con certeza casi absoluta puede afirmar ya, en la actualidad, que no hay pueblo del mundo poseedor de un folklore musical tan rico y variado como el que encontramos en nuestra Patria. Este hecho singularísimo tiene una muy justa y fundamental razón de ser: la de la diversidad étnica que en España hallamos desde los más remotos siglos, diversidad que por fuerza había de reflejarse también en todos y en cada uno de los elementos constituyentes del complejo cultural autóctono.
Uno de los más famosos tamborileros que nuestra provincia ha tenido, fue «tío Antolín», el de Montehermoso, fallecido hace pocos años, no sin antes tenor yo la dicha de conocerle y evitar la pérdida del estupendo repertorio lírico tradicional que acostumbra tañer en sus instrumentos. Durante las primeras sesiones de trascripción que con él tuve, soltóme cierta tarde, casi sin resollar y con una gran destreza y maestría de ejecución, hasta ciento diez sones diferentes, exponentes de un estilo y modos musicales muy de acuerdo con el sentir y el carácter propios de nuestra raza. Podéis tener por seguro que ni por excepción se dan fuera de España instrumentistas populares capaces de alardes tan magníficos.
Sabido es cómo la ciencia etológica, al profundizar en la observación y estudio de los estados elementales de civilización que todavía viven ciertos pueblos naturales y primitivos, encuentra que la música y las demás llamadas artes, cuando aparecen en esos esta- dos, sirven objetos muy distintos que el de producir belleza. Su función, en términos generales, es principalmente religiosa o mágica, ritual.
La música popular, como también no pocas danzas populares, sirven en el público para acompañar usos y costumbres, actos y ceremonias de especial índole, lo que ya, en cierto modo, implica y pone de manifiesto una ritualidad derivada o emparentada con primitivas ideologías.
En Ahigal, por ejemplo, y otros pueblos adyacentes, es costumbre en las bodas el que después de la comida un grupo de doncellas solicite de cada comensal, mediante adecuados cantos, una dábida en dinero para la novia. La muchacha que preside el grupo empuña larga navaja, en cuya punta hay clavada una manzana de hermoso tamaño, formando un conjunto elocuente símbolo. En la manzana cada invitado hinca la moneda o monedas con que obsequia a la novia. Cuando la manzana se cubre de monedas, otra la sustituye, y así hasta que todos los asistentes han depositado su donativo, tras de lo cual hácese a la novia, siempre cantando, la entrega de las manzanas cargaditas de oro y plata, según la copla reza. En otras partes, y con distinta ceremonia, son alfileres lo que en la manzana se clava.
Cuando en pueblos como Arroyo de la Luz se festeja a San Juan con danzas y exultantes cantos ejecutados en círculos giratorios, danzas y cantos que duran todo el día y aun parte de la noche, nadie piensa ya que tales prácticas representen otra cosa que meros divertimientos, pero, sin duda alguna, en tiempos más antiguos, de paganía, esas costumbres integraban ceremoniales conjuros destinados apropiciar la luz y el calor solares para la fertilidad de los sembrados y la prosperidad misma de la vida humana y de los animales.
En la Vera baja, particularmente en el pueblo de Garganta la Olla, hay canciones que llaman del verano, y de la primavera; los cuales no se cantan en otras épocas del año, pareciendo ser esto como un tabú, todo lo cual nos revela el sentido arcaico de tales canciones, que cabría filiar relacionándolas con desaparecidos ritos estacionales alusivos al ciclo del desarrollo de la vegetación...
Al difundirse las cristianas doctrinas desaparecieron unas veces, y cobraron nuevo asentido otras, olvidándose el original, como hemos visto, las viejas costumbres paganas. En la iglesia se ejercitaron los nuevos ritos. El pueblo participa activamente en la liturgia entonando sus himnos, salmos y secuencias. Más tarde, a) evolución dicha liturgia, y al ir dejando los fieles de comprender el latín de sus cantorales, ya que la lengua cotidiana comenzaba a ser el derivado «romance» de aquella, la participación activa en el culto se trocó pasiva y silenciosa.
De Calzadilla de Coria procede la melodía (ejecutada al piano), entonada allí con el romance de Griselda. Seguidamente se interpretó el himno gregoriano de Santa María Magdalena, del cual salió dicha melodía, sin que el pueblo, naturalmente, lo sepa ya.
En mayor medida, quizás, ha de contener nuestro cancionero (así como otros de España), influjos de la música litúrgica mozárabe o visigótica anterior, como se sabe, al rito romano.
De manera más intensa registra nuestra canción las influencias dimanadas de los modos musicales traídos a España por los pueblos de Oriente que nos invadieron. Estas influencias han de remontarse en algunos casos a épocas muy remotas de la historia. Un docto profesor alemán amigo mío, director que fue del museo etnográfico-musical de Berlín, me mostraba no ha mucho tiempo, el paralelismo que llegaba a reconocer entre algunas canciones extremeñas por mí recogidas y otras que todavía hoy practican las gentes de ciertas comarcas del Indostán. Tales paralelismos, y aun los que también se establecen con cantos de otras regiones y algunos hallados en Turquistán y Afganistán, se originan en momentos protohistóricos con la dispensación por Europa de los pueblos arios.
El orientalismo, que aparece claro y abundante en el cancionero extremeño, es el significado por ciertas escalas modales y ciertos desarrollos rítmicos de libre régimen, traídos a España por árabes y africanos.
La gama o escala oriental, más preponderante en nuestras canciones, es la de «mi» con solo un grado alterado, el «sol», que se presenta sostenido y natural; la cual es conocida desde antiguo en la música de los árabes y de los norte-africanos, siendo llamada por estos últimos «modo zendani» o «zidane». Esta gama imprime a las melodías que la implican un sello de vaguada y como de ensueño que las hace muy emotivamente expresivas, particularmente, cuando el ritmo, por ser libre, no admite compás de medida. Tal tipo de canciones acompaña casi siempre los trabajos agrícolas, como la arada, la siega, la trilla, el apaño de aceitunas, etcétera.
Interpreta una canción de cuna, que recogió también en Montehermoso. Su dulce belleza y la entrañable ternura que de ella emana la hacen incomparable. No hay tres cantos de cuna en el cancionero español tan hermosos y delicados como éste.
Menos varía que la canción se nos presenta la danza en la Alta Extremadura. Sin duda alguna, porque—como demostrará—han desaparecido no pocas de las que en otros tiempos se cultivaran.
Dos aspectos generales presentan nuestras danzas: el ritual y el solazante ó de divertimiento.
Cuando en el siglo XIII instituye el Papa Urbano IV la festividad del Corpus Christi, incluyó en la bula de ordenación las siguientes palabras: «Cante la fe, salte de placer la esperanza y regocíjese la caridad». Esa exultante de la esperanza, como seguida que va al cantar de la fe, viene a traducirse como una petición de homenaje danzado a la Sagrada Eucaristía. Y no habrá ya en ninguna parte procesión de Corpus sin manifestación danzaria. En España llega a tal extremo, que por el siglo XVI se hubo de creer y decir: «Danzas son cosas de Corpus», Lope o Cervantes lo recuerda.
En 18 de junio de 1632, con motivo del Corpus, se mandar dar de la fábrica 10 reales a cada una de las seis villanas de la Danza, y 17 reales al bailador, y seis reales a cada una de las ocho niñas de la Danza del Señor Obispo, y
Cítense, en otros años, danzas de «Los segadores», de «La hija de mi dama», de «La empalotada» y más y más.
En archivos parroquiales de los pueblos encuentran libros de cofradías que registran las danzas tributadas al santo titular.
En los siglos XVI y XVII aparecen, por ejemplo, en Garantía la Olla danzas de «Esturdiones», de «Los doctores de la Iglesia» y de paloteros de «Las gitanas».
En Torrejoncillo, de paloteros y cascabeleros. En Montehermoso, otros tantos y más.
Prohibiciones de la Iglesia en los últimos pasados siglos; acabaron en muchos pueblos con las danzas rituales. Sobrevivieron unas pocas formas, muy interesantes algunas. Entre ellas, las llamadas «de palos», que aún se practican hasta en más de doce pueblos cacereños, y que todos conocéis muy bien.
En el Congreso internacional de folklore que, por iniciativa mía, he celebró el año pasado en Mallorca, el profesor Bake, de Londres, dio a conocer, por medio de curiosas películas documentales hechas por él, las diversas formas que la danza de paloteo tiene en el Indostán.
Creedme que hube de asombrarme repetidas veces al observar la identidad que mostraban algunas figuras de las danzas indias con otras que aparecen en las que ahora mismo practican en Mirabel, Torrejoncillo y otros pueblos nuestros.
Otra danza interesantes que conservamos, y que sólo Extremadura posee, es la que, en Garganta de la Olla, tributan el día 2 de julio a la Virgen y a Santa Isabel, y que llaman «Las italianas». El cuerpo de la danza lo constituyen ocho mujeres que tañen castañuelas, guiadas por un bailarín. Es de carácter serio en sus escasas evoluciones.
Ahora, a la vista de un gráfico que reproduce el cuerpo de la danza, quiero leeros un pasaje de «La gitanilla», de Cervantes. Dice así: «Y la primera entrada que hizo Preciosa en Madrid fue día de Santa Ana, patrona y abogada de la villa, con una danza en que iban ocho gitanas, cuatro ancianas y cuatro muchachas, y un gitano, gran bailarín, que las guiaba. Y aunque todas iban limpias y bien aderezadas…», etc., etc.
De origen y significado misterioso, hasta lo de hoy, son las danzas de la «Vaca moza» practicadas en Valdepeñas, Montehemoso. Carcaboso y Galisteo.
En Portaje existe una danza llamada de «Serranas», y que ejecutan por Corpus. También Cervantes la cita en uno de sus entremeses. No creo que sea más que una composición de las muchas que en los siglos XVI y XVII improvisaban ciertos maestros populares para aumentar los tipos de tradición de cada año figuraban en las proclamaciones.
Puede decirse que éstas son las principales y casi únicas danzas rituales vivientes en la Alta Extremadura.
Aisladamente se conservan otros bailes más interesantes, como los de pandero de Arroyo de la Luz; «El cerandeo» y «Las seguidillas boleras», de Garganta la Olla; el «Baile de la Rúa», de Villa del Campo; (imágenes incorporadas para la ocasión, no incluidas en la conferencia de Matos, )
Al hablar de ellos, creo que no es necesario recordar que los más importantes de la provincia son la gaita o flauta y el tamboril.
Los instrumentos tubulares aerófonos, que figuran entre los primeros inventados por el hombre, tuvieron, al principio, un sentido exclusivamente mágico. Se utilizaban—y aún los utilizan los primitivos—, en ritos de amor, de fecundidad y funerarios. Así se explica, respecto a este último punto, la aparición de flautas, junto al cadáver en tumbas prehistóricas.
Todavía, llego a encontrar la costumbre del grabado simbólico en algunas flautas de nuestros tamborileros. Los dibujos en este tipo de flautas solo los hallo, fuera de nuestra región, en Huelva y en Ibiza. Trátase ya, por lo general, de figuras realistas, pero muy significativas.
El orador se extiende en amplias observaciones sobre la ornamentación de flautas en Extremadara interpretando los motivos que la adornan—sol corazones, cruz el cardo— haciendo curiosísimas observaciones sobre el particular.
Termina interpretando personalmente y de modo magistral diversos sones con el tamboril y la gaita, en medio de atronadores aplausos del auditorio que felicitan entusiasmado al habilísimo artista.
Las canciones expertamente interpretadas al piano por la distinguida profesora y también ilustre folklorista Ángeles Capdevielle, son cantadas admirablemente por los jóvenes de la Coral Cáceres, Evaristo Ortega, tenor; María Rosario Bernaldo de Quirós García, solista, nieta del que fue insigne folklorista García-Plata de Osma; y Florentina y Luisa Bejarano, Milagros Quiros y señora Rubio, que fueron todas aplaudidísimas.










.jpg)


