El Pantalón
Bombacho en las Expediciones de la Hispanic Society Of América de la alta
Extremadura
Dentro del incomparable
marco, que rodea la Indumentaria Tradicional Extremeña, copada ahora por un
definido patrón, que escasamente, deja entrever, más allá de su majestuosa
riqueza, hay otros atuendos que brillan con luz propia, tal es el caso del
atavío de Cabezavellosa, que tanto individual, como en su conjunto, merecen un
destacado lugar en el ámbito regional. Así debió entenderlo Ruth Matilda Anderson,
cuando en 1949 junto a Francis Spaldin y Manuel, aflamencado pacense, conductor
del viejo Buick de 1928, que alquilaron para desplazarse en aquel viaje,
decidió ascender a aquel remoto lugar, con la sana intención de encontrar los
modelos que posaron para García Matos en la “Lírica Popular de la Alta
Extremadura”. Con el citado libro en la mano a modo de credencial se
presentaron en el Ayuntamiento de Cabezabellosa, donde tras las presentaciones
de la sorprendente y asombrosa visita, fueron atendidos por el alcalde y
Secretario, tras examinar escrupulosamente el libro, no fueron capaces de
determinar que paisanos aparecían en la ilustración, dando a entender que
podían ser forasteros, eso sí, aseguraron que los trajes se encontraban en
muchas arcas de Cabezabellosa y que podían ser sacados a la luz.
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| Pareja con el vestido de gala de Cabezabellosa, tal
y como apareció en la Lírica Popular de la Alta Extremadura, de García Matos |
Obviamente
el siguiente paso era encontrar a alguien que pudiese reunir las prendas y
buscar modelos que las lucieran, algo que siempre recaía en alguna mujer de
cierta edad, y como era habitual quienes colaboraban recibían una cierta
remuneración. Para tal fin el Alcalde mandó llamar a una mujer, que tras
observar la ilustración indicó que el traje del hombre podría ser el de su
hijo, al instante se le saltaron las lágrimas y
se negó a ofrecerlo ya que su hijo había muerto hacía sólo un año y
medio y no podía consentir que nadie las luciera estando el muerto. El alcalde
insistió en la seriedad del propósito y que él sería responsable de la dignidad
de la ropa, poniéndosela él mismo. La mujer accedió a prestarlo y se encargó de
encontrar trajes femeninos. Rápidamente fue apareciendo la ropa y modelos que
la lucirían. Tras describir las inacabables bondades del atuendo femenino entre
el que se encontraban unos peculiares manteos que calificó como los únicos que habían
visto en Extremadura.
“En la falda de Lucía (Fig.71) y en la
de Victoria, vimos nuestros primeros, y de hecho únicos, ejemplos en
Extremadura del manteo, que,
además de ser cortado en círculo, tiene la peculiaridad de estar acabado sin
costura posterior, los bordes traseros lapeados para su cierre. Llamado mantelo en Galicia, la falda existe
también en las regiones de León y Castilla la Vieja. El de Lucía, que según
ella era tan antiguo como su mantón, estaba hecho de tela roja, con un acabado
plano y liso en la cintura y adornado con un borde aplicado de tela negra
cortada en un diseño de claveles de tallo rígido y margaritas que brotaban de
un tallo en zigzag. La parte trasera izquierda que se superponía a la derecha
mostraba el motivo principal, un jarrón de dos asas del que salían una
margarita y dos claveles. Cerca de cada uno de estos últimos flotaba un pájaro,
un motivo muy apreciado en la costura segoviana y salmantina. Sobre el
dobladillo, cortado en pequeñas vieiras y atado con seda azul, pasaba una cinta
de terciopelo negro bordeada en cada borde con una cremallera de seda amarilla;
la falda estaba recubierta de calicó negro con figuras verdes y amarillas. La
forma de esta falda parece haber sido prestada de la provincia de Salamanca,
hasta el borde festoneado que, sin embargo, se utiliza también en Ávila y
Zamora”.
Manteo de Cabezavellosa (Cáceres)
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Manteo de Villa del Campo (Cáceres).
Más
adelante indica: “Lo que realmente nos
había llevado a ese ojo de roca y tormenta era el vestido de hombre que era como el plumaje de pavo real a la
sencillez del cuervo de la mayoría de los atuendos masculinos. Su primer efecto
era el del color, blanco, rojo y marrón, haciendo contraste con el negro que
también estaba presente; su segundo, el de la silueta, los pantalones cortados
hasta la rodilla y acampanados por debajo con puños en forma de campana…
Parecían estar completos, excepto que
según la ilustración de García Matos los sombreros deberían haber sido el sombrero calañes”.
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| Traje de Gala, masculino Cabezavellosa, (Cáceres) |
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| Pantalón o calzón bombacho de Cabezabellosa, (Cáceres) |
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Matilda
Anderson prosigue en su “Spanish Costume Extremadura” describiendo y alabando
las excepcionales prendas masculinas del citado atuendo de Cabezabellosa,
indicando que los pantalones de paño negro se conocían como pantalones anchos (pantalón
bombacho) debido a que sus puños de rodilla, estaban elaborados en forma de
campana, y que al igual que el calzón y la calzona, estos
calzones se hacían con un frente de caída abrochado en el medio, sobre el botón
de la cintura inferior y que ciertos detalles, podían haber sido adaptaciones
castellano-leonesas, a su ved el párroco, un experto en indumentaria, les había
indicado que el traje había sido característicos también, de Jarilla y Oliva,
ambos cerca de la carretera de Salamanca.
Tras la larga
exposición, Matilda Anderson indica en su libro, que el siguiente mejor
ejemplo, del pantalón bombacho de
tamaño natural, de hecho el único que había localizado en Extremadura, salió a
la luz en Pozuelo.
(Indicar que Matilda visita Cabezabellosa en 1949, mientras que
el pantalón de Pozuelo lo había localizado 21 años atrás, en su viaje de 1928).
Al igual que el
manteo, cuesta pensar que una prenda de las características del pantalón bombacho, frecuente en el
entorno de Pozuelo, en el que fue hallada, pasara tan desapercibida, quizás la
Hispanic Society Of América, no calculo bien el espacio a rastrear o algo falló
en su metódico sistema, que dejó sin cubrir una amplia zona fronteriza con
Salamanca, donde la influencia charra amplió y enriqueció su tradicional
indumentaria.
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Vista parcial del pantalón
bombacho de Villa del Campo, (Cáceres)
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El porqué, Ruth Matilda llego hasta Pozuelo y no pasó de el, es algo que hoy por hoy desconocemos, lo cierto es que antes de iniciar los
viajes, se planificaban meticulosamente, buscando fiestas y tradiciones
locales, que en ocasiones conllevaba visitar un pueblo en más de una ocasión,
primordialmente la Hispanic Society Of América, quería construir una crónica
visual de España y para ello contrato a grandes fotógrafos, como es de suponer
estos no fotografiaron grandes edificios, si no la naturalidad de un mundo tan
distante, oficios tradicionales, costumbres, pequeños detalles de la vida
cotidiana, que sin remedio se estaban perdiendo, acarrear agua, hacer pan,
exprimir las uvas para sacar vino, elaborar aceite, curar jamones, cuidar
ovejas y cerdos, la cocción de cerámica, la forja de objetos de metal, elaborar
utensilios con metodología tradicional, moradas de artesanos, de familias
acomodadas, de labradores, solteras, o pobres de solemnidad, todo ello sin
salir de su entorno natural, donde los personajes se desenvolvían con absoluta
normalidad. Las fotografías suelen agilizar la memoria, y en general sus
fotografías, ofrecen un registro enigmático y sugerente con imágenes de gran
viveza, algo así como acariciar lo más profundo de sus sentimientos.
La expedición de 1927-28 comenzó en Galicia, Ruth Matilda Anderson
llego a Galicia el 29 de Diciembre de 1928, aunque no se le conoce actividad
hasta el 7 de Enero de 1928, que se encontraba en Vigo, de Vigo pasó a León
recorriendo varias localidades de esta provincia, así como otras de Zamora y
Salamanca, el 20 de Enero llego a la comarca de las Batuecas, hospedándose en
una posada del arruinado monasterio de las Batuecas regentada por un antiguo
ex-monje de dicho monasterio, desde allí se acercó a las Mestas, y volvió a
Salamanca visitando la Alberca y Puerto de Bejar, el 24 de Enero llegó a Baños
de Montemayor, Aldeanueva del Camino y Plasencia, donde estableció su cuartel
general de la alta Extremadura.
La expedición por tierras Extremeñas, fue bautizada por Frances
Spaldin, como E.E.E. (Expedición
Etnográfica a Extremadura).
A fin de cubrir el mayor número de eventos posibles, la expedición
se adaptó a ciertos calendarios festivos, o bien en Plasencia tuvo conocimiento de una festividad ancestral que se celebraba no muy lejos de allí, (más bien creo esto ultimo) así tras varios días en Plasencia y
Malpartida de Plasencia, ante la proximidad de la Candelaria, (muy
celebrada en aquella época) el 1 de Febrero se desplazan a Montehermoso,
el trayecto lo realizaron en coche (un Ford que alquilaron en Galicia, al que bautizaron como “Nuestra Señora” y le añadieron una caja de madrera diseñada por Frances Spaldin, acompañante de Ruth Matilda, en la que guardaban el material) por carreteras en construcción que no contaban con puentes, como es
bien sabido, entre Plasencia y Montehermoso hay dos ríos, el Jerte lo cruzaron
en una barcaza de cable, no es que hubiera muchos coches en el contorno, pero
aquella barcaza se adaptaba a ellos, a pesar de la fecha no debía de llevar mucha
agua, ya que en las notas de las fotografías que realizó Ruth Matilda, en una
describe a burros y mujeres vadeando el río, y en otra indica que los pueblos
de la otra orillas de los ríos Jerte y Alagón, quedan incomunicados con
Plasencia cuando llueve durante largo tiempo, la corriente se hace demasiado profunda
y rápida para los caballos, y los hombres no se atreven a intentar el paso en
barca.
Salvado el Jerte, aun les quedaba el Alagón como gran
escollo a salvar, las características de la barca de Montehermoso para cruzar
el Alagón, no se adaptaba a trasbordar el automóvil y lo dejaron en Carcaboso,
allí alquilaron caballerías y prosiguieron sobre ellas, cruzaron el Alagón en
la barca de Montehermoso ubicada en el paraje conocido como vado del Galapagar
y continuaron hasta Montehermoso.

Río Alagón (Cáceres) Barca.
(Durante algún tiempo, se creía, que esta fotografía,
que de algún modo, viene a escenificar el paso de Ruth Matilda, sobre el Río Alagón, había sido tomada en
1949, lo cierto es que se realizó el 1 de Febrero de 1928, la numeración del negativo, es correlativa a la última fotografía hecha en
Carcaboso, siendo esta la primera sobre Montehermoso, ambas tomadas el día 1 de
Febrero de 1928, cuando en 1951, Matilda Anderson describe en “Spanish Costume
Extremadura”, sus viajes por Extremadura, no suele indicar o especificar, a que
viaje corresponde el relato, normalmente lo hace de manera genérica, sin
embargo en el epistolario con su jefe Huntington o la Hispanic Society of America, era algo más explicita y
cita con todo lujo de detalles las peripecias del viaje, entre ellas, las
características de la barcaza del Jerte, y del Alagón, en ese año de 1928, Matilda Anderson,
visitó dos veces Montehermoso, esta primera, el 1 de Febrero y volvió el 20 del
mismo mes, que correspondía al lunes de Carnaval de ese mismo año, pero esta
vez no partió desde Plasencia, ya que llegó a Montehermoso, desde Palomero, pasando
por Cerezo y El Bronco, sobre el viaje de 1949, describe que el Jerte ya estaba
puenteado, pero no el Alagón, y que llegaron a Montehermoso el Domingo de
Carnaval, en mulas desde el Alagón vadeando el río y que desde allí tardaron una hora para
atravesar la legua de la carretera hasta Montehermoso).
Este primer viaje a Montehermoso fue muy breve, llegó el día 1 de
Febrero, tan solo pretendía cubrir la festividad de la Candelaria, el día 3 de
Febrero partieron hacia Malpartida de Plasencia donde ya habían estado el 30 de
Enero, y aquí surge la gran pregunta, ¿Por qué se va Matilda de Montehermoso el
día de San Blas? La respuesta más fácil y común es que ese año no hubo
Negritos, y a su ved esta respuesta, abre un abanico de preguntas de difícil
contestación. No deja de ser cierto, que en algunas ocasiones, había Santos que
se quedaban sin mayordomos y que estos solían ser quienes costeaban, los
ceremoniales y convites, o que fueran pobres y se redujeran ceremonias, pero no
la festividad en sí, las festividades colectivas del pueblo, no eran pagadas
con dinero, Matilda y cuantos venían a hacer expediciones a España, solían
estar bien informados y traían cartas de presentación, direcciones y tarjetas de
contacto de personas influyentes en sus respectivas actividades, nada estaba
improvisado, tan solo hay noticias de una tradición no programada en la que se
desviaron del recorrido establecido, la de la Pasión viviente de Villalcampo,
el resto de visitas y contenido estaba programado de antemano, razón por la que
es raro que Matilda no tuviera conocimiento de tan singular fiesta, o estando
allí, no la citase siquiera.
Dentro de estas expediciones Extremeñas, había dos grandes objetivos,
el primero Montehermoso, lugar donde se encontraban los trajes pintados por
Sorolla en el cuadro el Mercado y el otro el traje de Cabezabellosa, (especialmente el masculino, con su pantalón
bombacho) que habían visto en la “Lírica Popular de la Alta Extremadura” de
Manuel García Matos, en Cabezabellosa utilizaron la citada Lírica como credencial
o carta de presentación, por tanto poseían un espléndido documento, en el que
se describe la fiesta de San Blas y los negritos, cierto que dicho libro es
posterior a la primera visita, aun así, en la segunda sigue sin citar para nada tal festividad, ni su típico atuendo, es más cuando en1951 Matilda publica su celebre “Spanish Costume
Extremadura” en el libro incluye lo descrito por García Matos, sobre la Baca Moza, que
hacia décadas que no se celebraba, y nuevamente, se olvida de los negritos, que
como ya se ha dicho, aparecen en el citado libro. Por qué describe Matilda en su libro, como y donde
bailaban los montehermoseños en la Candelaria y Carnaval de 1928 y 1949, y sin
embargo no menciona el baile de los negritos.
El hecho de que ese año no hubiera Negritos, no parece suficiente
motivo para que Matilda no anotase nada de tan populosa celebración, en la
expedición de 1949, entre otras cosas se intereso por la vestimenta de la
antigua tradición Arroyana del solsticio de verano, en la noche de San Juan, es
más incluso esta vieja tradición, fue el motivo que las llevó por segunda vez a
Arroyo de la Luz.
De Montehermoso vuelven a Plasencia para continuar por la comarca
de la vera, Tejeda, Torremenga, Jaraiz de la Vera, Cuacos, Yuste, Aldeanueva de
la Vera, Jarandilla, vuelta a Plasencia, Coto de Navafebrera, y Valdastillas, con
vuelta a Plasencia, para continuar hacia las hurdes, Casar de Palomero, Aceña,
Camino Morisco, Pinofranqueado, El Robledo, Horcajo, El Gasco, Fragosa,
Nuñomoral, El Cerezal, El Asegur, Las Eras, Casares, Carabusino, Riomalo de
Arriba, Las Mestas, Vegas de Coria, Cambroncino, y vuelta al Casar de Palomero.
Desde Casar de Palomero, donde llegaron el sábado 18 de Febrero,
víspera del Carnaval, emprenden nueva ruta en coche el lunes 20, y tras pasar
por Cerezo, y El Bronco, llegan a Montehermoso ese mismo lunes de Carnaval, (es de suponer que al dejar atrás el Cerezo
y llegar al Bronco no volvieron a Plasencia, tal vez desde el Bronco, continuarían
hacia Santa Cruz de Paniagua y por Pozuelo llegarían a Montehermoso, esto
explicaría su presencia en el Pozuelo cinco días más tarde, el 25 de Febrero,
el itinerario de esta expedición esta basado en las fotografías que Matilda fue
numerando y solo aparecen las poblaciones en las que se hicieron dichas fotos),
desde la creación del cuadro el Mercado, (representación de Extremadura según Sorrolla, en su serie de Las Provincias de España), para la Hispanic Society Of
América, Montehermoso era destino indispensable, en
uno de los muchos informes a sus superiores, Matilda indica que llegaron a
tiempo para el Carnaval montehermoseño y aunque no lo especifica, llegó muy por
los pelos, como mucho estaría día y medio de los tres de Carnaval, razón por la
que no debió de quedar muy convencida y veintiún año más tarde en 1949, regresó
para fotografiarlo, no pudo hacerlo ya que para burlar la prohibición, que todos los años, mediante bando, hacia el Gobernador provincial, adelantaron el carnaval una semana y cuando Matilda llegó ya se había celebrado. Montehermoso le dio mucho a Matilda y ella siempre fue
generosa con Montehermoso, tras regresar a el 21 años más tarde, siguió alabándolo, porque a pesar de que en el pueblo ya se habían incorporado algunos
elementos modernos no habían afectado mucho el espíritu de sus habitantes. Matilda
admiró mucho a Montehermoso y sus gentes, les tenía un cariño especial, (no
hay que olvidar que su mesa de trabajo en Nueva York, estaba justo en frente
del cuadro El Mercado y a diario veía a las montehermoseñas con su gorra
plagada de vivos colores).
Sobre Montehermoso, Matilda llegó a escribir, que los sellos,
postales, periódicos y tomates enlatados estaban disponibles en el pueblo, y
que las luces eléctricas, ardían débilmente por las tardes, y sin embargo,
estos refinamientos modernos, no habían producido ningún notable cambio espiritual
en los modos de los montehermoseños. Y añadía que eran una rica fuente de
material etnográfico. Acaso los negrito no eran y son material etnográfico.
Como ya se ha dicho, el sábado 25 de Febrero de 1928 llegaron a
Pozuelo de Zarzón, Matilda lo describe como “una llanura tachonada de granito
al oeste del Alagón. Las lluvias primaverales estaban cayendo y el cielo estaba
pesado sobre la población. A través de calles empedradas, tapiadas con casas de
mampostería o tapia y llenas de charcos, jóvenes con blusas de algodón y
pantalones de pana desfilaban y cantaban en una ruidosa celebración de su
inminente entrada en el ejército. También salían muchachas con flores en el
pelo, con brillantes chales estampados y delantales pálidos,
estos grupos se las ingeniaban para reunirse de vez en cuando”.
Evidentemente se refiere a las celebraciones de quintos que al
menos entre año nuevo y el carnaval se celebraban en todas las poblaciones, en
este caso ya era cuaresma y por lo general en cuaresma estas celebraciones
dejaban de hacerse, si bien es cierto que había una excepción y Matilda llegó
dentro de ella, la excepción era el Domingo de Piñata y como dice el refrán,
“Hasta el domingo de piñata, antruejos no faltan”. (Las palabras
antruejos, entruejos y carnestolendas sirvieron hasta los principios de siglo
para designar en la provincia de Cáceres al período festivo que preludia la
llegada de la cuaresma). Razón por la que perfectamente Matilda pudo
contemplar tal celebración.
En cuanto al Pantalón Bombacho lo describe así: El siguiente mejor ejemplo, del pantalón
bombacho de tamaño natural, de hecho el único que localizamos en
Extremadura, salió a la luz en Pozuelo.
(Lo de tamaño natural, viene dado porque
en Montehermoso encontró uno infantil que documenta de la siguiente manera:
“Manuel viste camisa blanca y chaleco de paño fino negro con picos de
terciopelo rojo bordados en colores. Los bombachos, de paño fino negro, llevan
vueltas de satén azul labrado con dibujos de seda negra. Los lazos de los
tirantes son azules y rojos. Los bombachos están hechos con una
delantera que se abrocha en el centro con un solo botón. Esta delantera se
sujeta además con una cinta roja, azul y amarilla, que se anuda en un ojal al
lado izquierdo, se pasa por detrás y se ata con una lazada larga en el lado
derecho”).
En este caso Matilda no acudió a autoridades,
fue la posadera quien se encargo de buscar las prendas que necesitaba.
Pantalón
bombacho de Pozuelo de Zarzón, (Cáceres)
“La
mujer encargada de la posada, comprensiva con nuestros propósitos, fue en busca
de los trajes masculinos tradicionales y volvió con dos pares del pantalón bombacho de tela negra, uno con
los puños de sarga y terciopelo negro (Fig. 83), uno con los puños de sarga
solamente. En ambos pares, los puños estaban forrados con franela de color rojo
brillante y estaban recortados a lo largo de la parte delantera de la abertura
con una cinta en forma de banda en uno de los lados hasta un borde del patrón
de cuentas y carretes anulados en la espalda del chaleco de Cabezavellosa. La
costura siguió los patrones que habíamos visto antes y añadió otro de
semicírculos invertidos con los puntos de una línea encajados en las curvas de
la otra.
Para
los componentes de los calzones tenemos los nombres de una dama nacida en 1863.
Las dos secciones de la cintura las llamó petrinas
(por pretinas); la parte delantera de la caída las llamó delantera, los
puños de las rodillas, vueltas. En
las esquinas de la delantera, se trabajaban los ojales para pasar una faja de
cinta a rayas (ciñera) de lana (estambre), que atravesaba la faja por
detrás y colgaba en bucles a cada lado. La mujer de la posada comentó que siempre había visto a los hombres de
esta zona vestidos con el pantalón bombacho. Los pueblos que nombró fueron
Santa Cruz de Paniagua, Aceituna y Guijito, vecinos de Montehermoso, donde los
niños pequeños todavía usan esos pantalones en las fiestas”.
“No
observamos ningún medio de cerrar el puño de la rodilla como lo requiere una
definición enciclopédica del pantalón
bombacho, "pantalón ancho del cual las piernas terminan en forma de
campana, abierta por el lado y provista de botones y lazos para cerrarla".
En los calzones leoneses fotografiados en 1878, se cumple esta definición, ya
que la campana o el puño están provistos de botones. Se sujeta muy por debajo
de la rodilla y cuelga recto casi hasta el tobillo, mientras que en el estilo
extremeño, más dramático, la pierna se ajusta con fuerza y el puño se despliega
inmediatamente por debajo de la rodilla.
El
paralelismo más cercano que hemos encontrado con este último estilo es un par
de Pradena, provincia de Segovia, expuesto en el Museo del Pueblo Español. De
tela marrón-negra, los calzones de Pradena están recubiertos en el centro de la
espalda y el frente con franela negra y anillados en el frente, la parte
superior y los lados de la caída, con tres bordes aplicados de cuero marrón
cortado con bordes lobulados o festoneados, de los cuales los bordes aplicados
de marrón en el ejemplo de Cabezavellosa pueden haber sido una adaptación. Los
puños acampanados, de unos 15cm. de profundidad, están adornados con bandas
festoneadas de cuero. Pradena está cerca de Sepúlveda, que está en una
carretera principal de Soria a Plasencia, lo que sugiere una asociación con el
flujo de pastores emigrantes.
Para
el modelo (Fig. 83) del pantalón bombacho
que pacientemente mantenía en pie, la mujer de la pasada sólo traía una camisa
ordinaria de percal a rayas, el chaleco era de raso negro o satén abotonado con
filigrana de plata y adornado en cada solapa con un borde de terciopelo azul y
otro botón. Sobre su cuello había un
pañuelo de damasco de seda.
Sombrero Calañes y faja
El
sombrero se mantenía en la cabeza con una cinta ancha y negra cosida en la
entrada de la cabeza, unida a la nuca, y se dejaba caer en un lazo hasta la
mitad de la cintura”.La
faja (Fig. 84) era extraordinariamente rica. De merino negro, con flecos en los
extremos, estaba bordado con sedas de colores en un diseño de pavo real en el
centro, y para el resto en rosas, violetas y claveles. Como en la faja de
Cabezavellosa bordada, la técnica era la de puntadas largas y planas, sin
acolchar, cada pétalo y hoja enmarcada con un contorno de que también hizo los
tallos y dio las puntadas más largas, formando una costilla en el medio. Las
puntadas así cosidas se usaban para bordar coberturas españolas del siglo
XVIII, de las que la Sociedad Hispánica posee varios ejemplos, uno (H1068) que
muestra un diseño de árbol de tipo indio oriental. El sombrero, un sombrero calañes (Fig. 85), era de un
tamaño imponente y en el ala se vuelve profunda y firme, el terciopelo
lustroso, y dos grandes pompones de seda que quedan para adornar el borde del
ala y la parte superior de la corona. El cordón de seda negra delineaba el
borde superior del terciopelo que cubría la corona y ambos bordes de la banda
del ala, en la que hacía un diseño de hojas compuestas debajo del pompón.
A
la hora de mencionar los pueblos, en los que era común, el huso del pantalón bombacho, la posadera de
Pozuelo, cita a Santa Cruz de Paniagua, Aceituna y Guijo de Galisteo (Guijito) que junto con Monterhermoso
donde se encontró uno infantil, (prueba
de que dicho pantalón convivió con la indumentaria tradicional) y el propio
Pozuelo vendría a ser la zona en la que era habitual, siempre según esta
posadera, lo cierto es que a un escaso kilómetro de allí, también se utilizaba.
¿Por qué la posadera de Pozuelo obvio que en Villa del Campo también era usual
el pantalón bombacho?
Villa del Campo (Carnaval) Pantalón bombacho
No solo se usaba si no que se sigue usando. Pantalón
bombacho de Villa del Campo (Cáceres)
Tan
solo se me ocurre una cosa, la hasta no hace mucho sempiterna rivalidad
vecinal, que incompresiblemente trataba de restar méritos a su rival, en el
Campo había y sigue habiendo pantalones
bombachos, y no solo pantalones, también hay ricos manteos que tanto
escasean en la SPANISH COSTUMER EXTREMADURA, unos pasos más allá de Pozuelo y
Matilda hubiera encontrado gran material en ambos temas, lo cual nos viene a
indicar, que el hecho de que en un trabajo de campo, por muy bien hecho que
esté, no aparezca o salga a la luz una determinada prenda, o cualquier otro
tema, no significa que no exista o haya existido, tal ved no se llamó a la
adecuada puerta.
Tras
la visita a Pozuelo, Matilda partió hacia Cáceres, y es muy raro que no mencionase
a Coria, ya que siguiendo el camino más lógico hubo de toparse
con ella.
Como puede demostrarse en las siguientes
fotografías, el pantalón bombacho convivió y convive con los clásicos. Y no
solo el Pantalón, Villa del Campo cuenta con una amplia gama, de prendas antiquísimas
que por falta de iniciativas han dejado de ver la luz.
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| Ofertorio 2016, Villa del Campo, (Cáceres). |
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| Belén viviente, Navidad 1967-68 |
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Diferentes estilos en plena
convivencia, a la izquierda el pantalón bombacho. Villa del Campo, (Cáceres)
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Trajes típicos de Villa del Campo, Ofertorios.
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Manteo en fase de elaboración, autora María Miguel
Fuentes Villa del Campo, (Cáceres)
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| Manteo Antiguo, María Felipe, Villa del Campo,(Cáceres) |
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| Indumentaria masculina Villa del Campo, (Cáceres) |
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| fragmento de faja, obra de María Miguel Fuentes, Villa del Campo, (Cáceres). |
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| Pañuelo, Isabel Gordo, Villa del Campo,(Cáceres) |
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| Indumentaria del Campo. Cedida por Gema Torres. |
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Jubón y saya, Olga Gutiérrez.
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| Chaleco y chaqueta, Montaña Alonso. |
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| Jubón, Maria Felipe. |
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Pañuelo, Montaña Alonso.
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| Cobijas, Anónimo, Villa del Campo, (Cáceres). |
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Chaleco, doble vista. Anónimo. Villa del Campo, (Cáceres).
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| Chaleco doble vista, anónimo, Villa del Campo (Cáceres) |
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Jubón con pasamanería, doble vista. Anónimo. Villa del Campo (Cáceres)
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Manteo de Olga Gutiérrez, Villa del Campo, (Cáceres)
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Tras
este viaje a Extremadura que acabó el 17 de Abril, básicamente se acabaron los
que podrían ser denominados viajes románticos, la depresión del 29 en Estados
Unidos, la guerra civil Española y la guerra mundial, dificultaron mucho este
tipo de Expediciones, Matilda volvió en 1949, pero ya no era lo mismo, en esta
ultima expedición del 49 principalmente buscaba lo que le faltaba para su gran
obra "Traje español":
Extremadura: Es cierto que Matilda ni promovió los intereses políticos o
turísticos de España, ni documento la guerra, o el latente analfabetismo en
Extremadura, (en la comarca de la vera,
ella y Spaldin fueron requeridas por la guardia civil para que le firmaran el
parte o confirmación de su presencia en la zona, ese día no encontraron a nadie
más que supiera escribir) pero no es menos cierto, que en el 49 se alineo
con la Sección Femenina, y la Sección Femenina, fue la que fue, en todo lo
relacionado con la indumentaria.
Las fotografías aquí mostrada,
además de que casi todas han sido tomadas en la vía publica y actos tradicionales,
sin que se haya mostrado oposición a ello, tan solo tiene la intención de
acompañar y dar veracidad a los textos y
llevan años colgadas en redes sociales, aun así si alguien se sintiese incomodo
con el trabajo que representan, serian retiradas.
E. Moreno